Te ha pasado alguna vez que vas a coger una botella de whisky y está más vacía? El whisky se ha evaporado?
O vas a tomar un poco de aquel whisky especial y ya no sabe como lo recordabas. Ha cambiado de sabor o soy yo?
A nosotros nos ha pasado, y, como no queremos que repitáis los errores que nosotros cometimos, vamos a compartir con vosotros algunos trucos para conservar el whisky, tanto si tenéis la botella por abrir o ya abierta.
Consejos generales:
A diferencia del vino, que requiere que las botellas estén tumbadas para mantener el corcho húmedo, el whisky no. De hecho, si tuviéramos una botella de whisky tumbada, el alto contenido de alcohol haría que el corcho se fuera desintegrando, lo que aportaría aromas que no queremos al whisky.
Pero un problema de tener una botella mucho tiempo de pie (años) es que el corcho se va secando y el oxígeno va entrando dentro de la botella, lo que puede provocar varios problemas:
Cómo evitarlo? Muy sencillo. No tengas una botella más de un año (ni abierta ni por abrir :-)) o bien sella el tapón. Para sellar el tapón, lo mejor es el parafilm. Es un film que se utiliza en laboratorios. Es elástico y flexible y se va a ajustar perfectamente a la botella.
Solo tienes que estirar el film lo máximo que puedas e ir dando vueltas alrededor del tapón y el cuello de la botella, como tres o cuatro. Con un trozo de 10x5cm tienes más que suficiente.
Otro truco clásico, pero que no convence mucho ya en estos tiempos, es voltear la botella de vez en cuando para humedecer el corcho (dos veces al año, 10 segundos).
La luz directa es el principal enemigo del whisky. Si se deja expuesto al sol van a pasar varias cosas:
Como evitarlo? Primero de todo, colocar el whisky en un sitio que no toque la luz, un lugar oscuro, un armario o una despensa.
Además, si el whisky venía con un estuche, no lo tires y deja la botella allí dentro. Además de ser bonita, te va a proteger el whisky. Pero igualmente, que no esté expuesta a la luz solar directa.
El whisky necesita una temperatura estable (sin cambios bruscos) y fresca. La temperatura ambiente ideal es entre 7 y 18ºC, máximo 21ºC.
Los principales problemas si no hacemos esto son:
El punto de ebullición del alcohol es de 78ºC, menor que la del agua, que son 100ºC. Por lo tanto, es más fácil que el alcohol se evapore con temperaturas elevadas. Con el tiempo, si tienes la botella en un sitio con temperaturas altas o variaciones significativas, la proporción agua-whisky en el líquido va a cambiar ya que el alcohol se está evaporando más rápido que el agua. Esto te va a afectar al sabor del whisky y puede llegar a arruinarlo.
Por lo tanto, lo mejor es encontrar un lugar dentro de casa que no reciba luz solar directa y que no tenga variaciones de temperatura importantes. Por ejemplo un sitio como una bodega, una despensa o un armario situado en la parte inferior, que no le toque directamente el aire acondicionado o la calefacción.
La humedad puede afectar a la botella y al whisky a largo plazo. Por lo tanto, te afecta si quieres guardar una botella durante mucho tiempo, tipo colección.
Los problemas que puede provocar la humedad son:
Además de todo lo comentado hasta ahora, es decir, si respetamos colocación, luz y temperatura, hay algunas cosas más a tener en cuenta en el caso de tener una botella ya abierta.
El principal problema es la evaporación (sí! No nos lo estamos imaginando! No viene ningún duende por las noches a beberse nuestro whisky!).
Además, una vez abrimos la botella y empieza a entrar oxígeno dentro, el proceso de deterioro del whisky se vuelve imparable y se acelera cuanto más vacía está.
Así que no solo se nos evapora el whisky sino que también perdemos aromas.
La recomendación es:
Pero sobre todo, disfruta del whisky en vez de ver como se va evaporando y deteriorando.